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Inicios de conversación
Trayectoria vital
Epicuro nació en la isla de Samos en el mar Egeo, de padres inmigrantes atenienses. Su padre era maestro, lo que probablemente influyó en su posterior pasión por la educación y la filosofía. Se convertiría en uno de los filósofos más influyentes de la antigüedad, fundando la escuela que lleva su nombre.
Epicuro comenzó a estudiar filosofía formalmente bajo el platónico Pánfilo. Esta educación temprana lo expuso a diversas tradiciones filosóficas y sentó las bases para el desarrollo posterior de su propio sistema filosófico único.
Como ciudadano ateniense, Epicuro completó dos años de entrenamiento militar en Atenas. Este período coincidió con la agitación tras la muerte de Alejandro Magno, y tuvo la oportunidad de asistir a las conferencias de Jenócrates en la Academia de Platón.
En el caos político tras la muerte de Alejandro Magno, los colonos atenienses fueron expulsados de Samos. La familia de Epicuro se trasladó a Colofón en Asia Menor, y este desplazamiento influyó profundamente en su pensamiento filosófico sobre la impermanencia del destino y la tranquilidad interior.
Epicuro estudió con Nausífanes, de la escuela de Demócrito, en Teos, profundizando en el atomismo. Aunque más tarde rompió con este maestro, los conceptos básicos del atomismo se convirtieron en el núcleo de la física epicúrea.
Epicuro fundó su primera escuela filosófica en Mitilene. Sin embargo, su enseñanza provocó la hostilidad de otros filósofos locales, y pronto se vio obligado a abandonar la ciudad, aunque ya había comenzado a atraer seguidores fieles.
Epicuro se trasladó a Lámpsaco para continuar enseñando, donde tuvo mayor éxito. Atrajo a un grupo de discípulos leales, algunos de los cuales se convirtieron más tarde en miembros centrales de su escuela en Atenas.
Epicuro compró un jardín a las afueras de Atenas y fundó la famosa escuela del Jardín. Esta escuela admitía de manera única a mujeres y esclavos, encarnando su ideal filosófico de que todos pueden buscar igualmente la felicidad. El Jardín se convirtió en el centro permanente del epicureísmo.
Epicuro desarrolló y refinó su física atomista, afirmando que el universo está compuesto de átomos y vacío. Propuso el concepto de desviación atómica (clinamen); esta innovación hizo posible el libre albedrío y el azar, distinguiéndose del determinismo de Demócrito.
Epicuro expuso sistemáticamente su doctrina ética, definiendo el placer como el bien supremo de la vida. Distinguió entre placeres dinámicos y estáticos, enfatizando que la verdadera felicidad proviene de la tranquilidad del alma y la ausencia de dolor corporal, no de la búsqueda de placeres sensuales.
Epicuro compiló las cuarenta doctrinas centrales de su filosofía, las Máximas Capitales. Estos aforismos concisos cubrían los puntos esenciales de física, ética y epistemología, convirtiéndose en el texto básico que los discípulos debían estudiar y memorizar.
Epicuro escribió la Carta a Heródoto, un resumen de su física. Esta carta es una de las pocas obras de Epicuro conservadas íntegramente, resumiendo sus puntos de vista esenciales sobre los átomos, el espacio, la percepción y el universo.
La influencia de la escuela epicúrea se extendió por todo el Mediterráneo, atrayendo estudiantes y seguidores de diversas ciudades. La escuela estableció escuelas filiales, formando una comunidad filosófica unida que mantenía contacto por correspondencia.
Epicuro comenzó a sufrir de graves cálculos renales, enfermedad que lo acompañó hasta el final de su vida. A pesar del intenso dolor, continuó enseñando y escribiendo, poniendo en práctica su filosofía sobre cómo enfrentar el sufrimiento.
Epicuro murió en Atenas por complicaciones de cálculos renales a los setenta y un años. Según los testimonios, expresó alegría de vivir en su lecho de muerte, recordando conversaciones filosóficas con amigos. Legó el Jardín a su discípulo Hermarco, y la escuela perduró durante siglos.