Datos rápidos
Reina madre que moldeó la Iberia del siglo XII a través del matrimonio y la política.
Inicios de conversación
Trayectoria vital
Teresa nació como hija ilegítima del rey Alfonso VI de León y Castilla con su concubina Jimena Muñoz. Aunque nacida fuera del matrimonio, desempeñaría un papel crucial en la historia ibérica como madre del primer rey de Portugal.
Su padre Alfonso VI tomó Toledo de los moros, un hito de la Reconquista. Esta victoria expandió enormemente los territorios cristianos y aumentó el prestigio de la corona leonesa que daría forma al futuro de Teresa.
Teresa se casó con Enrique de Borgoña, un noble cruzado francés que llegó a Iberia para combatir a los moros. Este matrimonio era parte de la estrategia de Alfonso VI para recompensar a caballeros extranjeros y asegurar vasallos leales en sus fronteras.
Alfonso VI otorgó a Teresa y Enrique el Condado de Portugal como feudo hereditario. Este territorio entre los ríos Miño y Tajo se convertiría en el núcleo del futuro Reino de Portugal.
Teresa y Enrique establecieron su corte en Guimarães, que se convirtió en el centro político del condado. El castillo allí sería conocido más tarde como el lugar de nacimiento de la independencia portuguesa.
Mientras Enrique frecuentemente hacía campaña contra los moros o atendía asuntos leoneses, Teresa gobernaba el condado en su ausencia. Demostró una administración capaz y aguda visión política durante estos períodos.
Teresa dio a luz a su hijo Alfonso Enríquez, quien se convertiría en el primer rey de Portugal. Su nacimiento resultaría trascendental para la historia ibérica, aunque madre e hijo se convertirían más tarde en acérrimos enemigos.
El rey Alfonso VI murió, dejando los reinos a su hija Urraca. Esta crisis sucesoria debilitó la autoridad leonesa y creó oportunidades para la autonomía portuguesa que Teresa explotaría.
El conde Enrique murió en Astorga, dejando a Teresa como regente de su joven hijo Alfonso Enríquez. En la práctica, ella gobernó Portugal independientemente y comenzó a titularse reina en lugar de condesa.
Teresa comenzó a usar el título de 'Regina' (Reina) en documentos oficiales, reclamando estatus igual a su media hermana Urraca de León. Esta audaz pretensión reflejaba su ambición por la independencia portuguesa.
Teresa inició una relación amorosa con el poderoso noble gallego Fernando Pérez de Traba. Esta relación trajo influencia gallega a Portugal pero enfureció a los nobles portugueses y a su propio hijo.
A través de Fernando Pérez de Traba, Teresa cultivó estrechos lazos con los nobles gallegos. Persiguió una política de unir Portugal con Galicia en lugar de buscar la plena independencia de León.
Teresa organizó la defensa de Portugal contra las incursiones musulmanas almorávides desde el sur. Su liderazgo militar ayudó a proteger los asentamientos cristianos y mantener la integridad territorial.
Las tensiones entre Teresa y su hijo adolescente Alfonso Enríquez se agudizaron. El joven príncipe resentía la influencia gallega y la relación de su madre con Fernando Pérez, reuniendo sus propios partidarios.
Alfonso VII sucedió como rey de León y Castilla, exigiendo homenaje de Teresa. El panorama político cambió cuando el nuevo rey buscó reafirmar el control sobre el Portugal cada vez más autónomo.
Presionada por Alfonso VII, Teresa reconoció su soberanía y rindió homenaje. Esta sumisión enfureció a los nobles portugueses que deseaban la independencia y fortaleció la oposición liderada por su hijo.
Alfonso Enríquez derrotó a las fuerzas de su madre en la batalla de São Mamede. Esta confrontación decisiva puso fin al gobierno de Teresa y marcó el comienzo del camino de Portugal hacia la plena independencia.
Teresa murió en el exilio en Galicia, posiblemente en el monasterio de Montederramo. A pesar de su derrota, su legado perduró a través de su hijo, quien se convertiría en el primer rey de Portugal y fundador de la dinastía de Borgoña.